La afirmación. Identidad, memoria y realidad fragmentada.

Autor: Felipe Bochatay

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“La vida es una sucesión de accidentes y desengaños, mal recordados y peor comprendidos, con enseñanzas sólo vagamente aprendidas.” [1]

¿Hasta dónde tenemos la certeza que todo lo que percibimos es real? Luego de leer La afirmación, novela de Christopher Priest (Mánchester, 14 de julio de 1943 - 2 de febrero de 2024), lo que queda es ese amargo sabor en la boca por no saber bien por dónde se está pisando dado que, en el mejor de los casos, la conciencia que se elimina, que se borra subsiste en el dolor de los que la sobreviven. Así, de una forma u otra, esa consciencia, esa personalidad que se suprime, no desaparece del todo.

Christoper Priest, recientemente fallecido, fue un escritor inglés de una amplia y vasta obra literaria y cinematográfica, por ejemplo ha participado como guionista en la serie Dr. Who y en el film eXistenZ, de 1999.

La afirmación, publicada en inglés en 1981, es una novela de casi trescientas páginas en donde se relata la historia de Peter Sinclair, protagonista y casi único personaje. De hecho la novela transcurre casi por completo en la mente de este atribulado muchacho que ha sufrido la muerte de su padre, la pérdida de su conflictiva y explosiva novia, el paro laboral repentino y con ello el agobio económico y, como si no alcanzara, una relación compleja con su hermana. Agobiado por todo ese cúmulo de situaciones se refugia en una casa de campo que casualmente le ofrece un amigo de su padre a cambio de realizar algunas reformas y mejoras en la casa.

“Aspiraba, inicialmente, al recuerdo total… Al final comprendí que lo que tenía que hacer era escribirlo todo…”

Decidido a comenzar una nueva vida esta da un giro dramático cuando comienza a definir los acontecimientos que lo llevaron a esa situación. Así se enfrasca en el proceso, lentamente, de escribir y reescribir con frenesí una biografía de la que nunca va a quedar conforme. La realidad no es tan real, o no lo convence demasiado, por lo que, con determinación, comienza a idear una nueva vida basada en su vida. Esta pretensión de hiperrealismo lo va a llevar a confundir, y confundirnos, con dos realidades que literariamente comienzan a superponerse en el texto al punto de entrelazarse como si fueran dos cuerdas que colgando se enredan y rozan entre sí tendiendo puentes entre las dos realidades.

De esta manera Peter Sinclair arriba a un mundo imaginado en donde gana una lotería, la lotería de Collago, una de las islas que conforman el archipiélago del sueño, cuyo premio es la inmortalidad.

Cabe mencionar que estas islas, las islas que conforman un Archipiélago que languidece en supuestas aguas ecuatoriales, terminan conformando una gran, y podríamos decir infinita, zona neutral en un mundo bipolar en guerra. No cabe duda que estas islas son una metáfora de lo infinito de la mente humana, un territorio surcado de interminables islas, cada una con su idiosincrasia, y que los barcos se empeñan en desandar moviendo mercaderías en lo que sería un territorio franco entre dos naciones enfrentadas en una guerra antiquísima.

No se puede soslayar que este archipiélago de los sueños es un territorio cuanto menos recurrente en la obra de Priest, pues este lugar, fantástico y misterioso, presente en esta obra, también se encuentra en The Islanders (2011) o en El Archipiélago de los Sueños y en tres de los cinco relatos de la colección Un verano infinito (Rameras, La negación y El observado).

Los sueños ilimitados, como las islas, contienen a los personajes o por lo menos a Seri, amante de Peter, que lo jalona para quedar en esa realidad. Ese será también otro de los interrogantes de la novela.

“Las dos versiones eran verdaderas, pero en diferentes latitudes de verdad…”

Por otro lado tenemos el concepto de la atanasia, esa pseudo inmortalidad a la que se accede con la mencionada lotería. En verdad es una cuasi inmortalidad con algunas restricciones, pero inmortalidad al fin. El pero es que la “operación” que le van a efectuar, la atanasia, implica que pierda la memoria y para poder recuperarla debe cumplir con un largo interrogatorio para resguardar su memoria; pese a ello Peter se opone y ofrece su manuscrito como biografía para recuperar los recuerdos luego de la operación. O cuanto menos poder recuperar lo básico de su personalidad.

El problema es que las experiencias que relata serían de esa otra realidad, lo que las torna incongruentes y cuanto menos un rompecabezas para los médicos que intentarán restaurarlo.

Así, entre estas realidades, Jethra será Londres, su novia Gracia será Seri, como el resto de los pocos personajes que le rodean adquirirán su propio alter ego. Y lo más importante, Gracia y Seri (una alter ego de la otra, inclusive físicamente) se verán envueltas en una batalla por el muchacho, mientras en un viaje de ida y otro de vuelta por las islas que conforman el archipiélago del sueño, en todo caso infinitas, se terminará de configurar la enajenación o atanasia de Peter.

De inmediato podemos leer, en una dinámica perfecta en la que se alternan capítulos de una y otra realidad, un debate ético sobre el merecer o necesitar, dado que la lotería no discrimina entre gente que lo necesite o que haya hecho más méritos que otros para merecerlo.

Por otro lado Peter, en su frenético escribir y reescribir, deja todo lo que está haciendo para abocarse a ello, empieza a percibir que se ha desdoblado en dos personas, a las que califica de “yo mismo” y “el protagonista de la historia”. Inventa “Jethra” una ciudad que simboliza una amalgama de Londres. Y pese a que entiende que todo lo que escribe es una invención, sin embargo

“…todo cuanto contenía, cada palabra, cada frase, era tan verdadero en el más alto sentido de la palabra como puede serlo la verdad.”

Todo en la obra es interrogarse acerca de cuál de los dos Peter Sinclair es el verdadero, ¿o son los dos? ¿o ninguno? ¿hay dos realidades? ¿qué son Los Beatles?

Finalmente la historia converge en un final en el que Peter debe optar entre una u otra novia, posiblemente una ya fallecida, entre Jethra o Londres, en definitiva entre una realidad u otra ya que ambas líneas argumentales no van a dejar de confundir al lector por fuerza de sembrar la duda página a página, como ese manojo de hojas mecanografiadas y otro similar pero en blanco que nos hace pensar si Peter en verdad no ha enloquecido, pues una de las conclusiones al final del libro, muy borgeana, es que nuestro atribulado personaje cree que Seri lo ha creado a él en Collago, pero que antes de eso, él, en su cuarto blanco, ya la había creado a ella.

“Había un yo que escribía. Había un yo a quien yo podía recordar. Y había un yo acerca del cual yo escribía, el protagonista de la historia. La diferencia entre la verdad real y la verdad imaginativa estaba siempre presente en mí. La memoria, sin embargo, era fundamental, y día a día yo tenía nuevas pruebas de su falibilidad. Aprendí, por ejemplo, que los recuerdos no tenían la coherencia de un relato.”

Novela que no es estrictamente de ciencia ficción, fue nominada en 1982 al premio BSFA, la Asociación Británica de Ciencia Ficción. Ese año el galardón se lo llevó Brian W. Aldiss con Heliconia: Primavera. Sin embargo Priest, en cuatro oportunidades, ha podido alzarse con el mencionado premio.

En resumen una obra que cuestiona abiertamente los vericuetos de la memoria, los límites con la locura y los trastornos de la identidad personal en un experimento imaginativo de perfecta factura donde la realidad es algo tan frágil que lo subjetivo puede resultar engañoso o un artilugio de la mente que interpela a la identidad y la memoria del personaje principal, Peter, en un universo en que ficción y realidad se han desdibujado con maestría por Priest, pero que nos deja la enseñanza de que el olvido no existe si se niega a desaparecer del todo, que la realidad y la ficción se entrelazan para sostener en lo profundo de la mente, pacientemente, los recuerdos más atesorados.

[1] Lo resaltado en cursiva en el presente texto corresponde a la obra La afirmación.

La Afirmación, de Cristopher Priest, editorial Minotauro

Foto de Cristopher Priest.