Los Altísimos, una distopía social conservadora.
Autor: Felipe Bochatay
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“—Nos encontramos a cientos de kilómetros bajo la superficie terrestre. A eso se deben las rarezas que usted ha observado… O sea, el suelo que pisamos corresponde a la cara interna del globo terrestre.
—¡Espérese! No entiendo bien. ¿Me quiere decir que estamos cabeza abajo con respecto a los de la superficie?
—¡Exacto! No se nota, ¿verdad? No tiene nada de extraño, porque el concepto «arriba» o «abajo» deriva de donde proviene la atracción gravitacional.” [1]
Hasta los años '50 del siglo pasado la ciencia ficción y la fantasía no había dado nombres destacados en la literatura chilena. Para ello debíamos remontarnos hacia fines del s. XIX para encontrar la primera obra de este género, Desde Júpiter, de Francisco Miralles, publicada en 1876. Esta fue una novela casi utópica que relataba los adelantos técnicos y morales de una sociedad avanzada y que debía ser el norte al que guiar a la sociedad chilena de la época.
Setenta años después Hugo Correa publica, en 1951, con posterior reedición y “engorde” en 1959, la que quizás sea la obra emblemática de la ciencia ficción chilena, Los Altísimos, obra que vale la pena mencionar ha sido conocida y alabada por Ray Bradbury al punto de que este lo haya incluido en la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction.
Pero bien, quién fue Hugo Correa Márquez.
Este escritor nació un 24 de mayo de 1926 en Curepto, un pueblo campesino al interior de Talca, a 300km de Santiago, Chile, y falleció a los 81 años, en Santiago de Chile, el 23 de marzo de 2008.
Fue periodista y escritor de ciencia ficción. El reconocimiento de Ray Bradbury le permitió ver sus obras traducidas al inglés, francés, alemán, portugués y sueco; así como publicar en dos revistas clásicas: Fantasy and Science Fiction y Nueva Dimensión.
En Chile fue columnista del diario El Mercurio, La Tercera y la revista Ercilla. Además fue presidente de los comités culturales del Instituto Chileno-Norteamericano.
Por otra parte, en 1960 ganó el premio del Concurso Nacional del Cuento del diario El Sur por su obra Alguien mora en el viento.
A fines de la década del sesenta participó en el Writers Program de la Universidad de Iowa en Estados Unidos. Allí su trabajo fue presentado por el mismísimo Ray Bradbury, como ya antes mencioné.
Como dato sociológico tenemos que referenciar que este autor escribió viniendo desde el interior del Chile, el Chile rural de los años '50 del siglo pasado, donde las comunas rurales vivían un retraso social y económico absoluto comparado con las cunas de otros escritores de la época. Basta recordar que inclusive en la capital chilena el nivel de ruralidad era gigantesco, así que la visión de Correa fue mucho más allá de la pobreza y las pocas esperanzas de desarrollo de dicho país.
Hugo Correa, por otra parte, es considerado el padre de la ciencia ficción chilena por esta y otras obras que trascendieron su país. Entre otras podemos mencionar El que merodea en la lluvia (1962), Alguien mora en el viento (1966), Los títeres (1969), Los ojos del diablo (1972), etc. Aunque también ha sabido publicar relatos y novelas realistas como Cuando Pilato se Opuso (1971) o La corriente sumergida (1993). En resumidas cuentas es uno de los pocos escritores de ciencia ficción latinoamericana que tiene el honor de ser reeditado en tiempos presentes.
Foto de Hugo Correa Márquez.


[1] Lo resaltado en cursiva en el presente texto corresponde a la obra "Los altisimos", de Hugo Correa.


Los Altísimos, de Hugo Correa, ediciones universitarias de Valparaiso.
Ahora bien, entremos en su obra más importante, Los altísimos.
Esta novela es un distopía disfrazada de utopía tecno-comunista. Y este no es un dato menor a resultas de las implicancias políticas ideológicas que se le pueden achacar al autor y a la novela, pues como cualquier obra artística, no solo literaria, esta puede ser leída o interpretada de diferentes maneras y analizadas desde distintas ópticas.
No escapa que Correa representa la edad de oro de la ciencia ficción chilena, pero también una visión conservadora de dicha sociedad, a lo que se le adiciona que también lo era desde un punto de vista católico, lo que lo acaba colocando en un extremo del arco político.
Y acá es en donde siempre es bueno hacer la aclaración sobre la que han corrido océanos de tinta. ¿Cómo debe leerse una obra? ¿Se deben tener en cuenta las cuestiones personales del autor o debemos dejarnos llevar por la obra misma?
Esta es una obra con esas características, si uno lo desea puede leer una novela de ciencia ficción que es tan avanzada para la época, que resiste el paso del tiempo y no envejece. Sin embargo también puede leerse como una novela políticamente conservadora que refleja directamente, y toma posición, en los convulsionados procesos históricos que padecieron los países del subcontinente americano en la segunda mitad del siglo pasado. En particular la lucha política e ideológica contra el avance “comunista” en la región y la defensa de los valores católicos tan afines a las fuerzas armadas de Sudamérica.
Alerta spoiler total.
La primer pregunta que nos podemos hacer es quienes son los Altísimos, pero eso lo develaremos mas adelante, porque la novela comienza con una escena bastante común: un día cualquiera un hombre despierta en lo que parece una sala de hospital solo que muy sofisticado. Como padece una extraña pérdida de memoria no sabe bien qué lo ha llevado hasta ese lugar aunque, con el transcurso del tiempo, el misterio comienza a develarse en pequeñas cuotas por un misterioso y deshumanizado personaje que lo acompaña, el señor L., quien luego le dirá, para despistarlo, que es un agente secreto polaco.
“—No me hagas explicarte esas cosas. Poco a poco lo comprenderás. Cronn es miles de años más evolucionado que la Tierra. Ciertas instituciones desaparecen con el progreso. En especial aquellas que generan intimidad.”
Pronto veremos, merced a una trama rocambolesca, al personaje principal, Hernán Varela, que descubre que su identidad ha sido sustituida por un desertor, y que se encuentra sin posibilidades de regresar a nuestro planeta Tierra dado qie están en un planeta errante que se aleja a velocidades siderales del sistema solar.
Para colmo de males el personaje L. le pone de manifiesto que, en resumen, su vida corría peligro y que para conjurar esos riesgos debía suplantar a quien lo había suplantado en su pais natal, Chile.
Entonces en estas primeras páginas veremos al personaje principal que va de a poco descubriendo donde está. Lo que para la vida cronniana es normal y natural, aunque luego veremos que impuesta, para Hernán Varela es un universo kafkiano plagado de enigmas sin respuesta. Todo se le va dando a cuenta gotas y eso lo enloquece.
Asumiendo la nueva identidad, en un momento huye de su acompañante y se zambulle en las inmensas y automatizadas ciudades subterráneas. Se obsesiona con una mujer, pero no es correspondido, y comienza toda una serie de eventos que lo desconcierta. Esta es la parte en la que mejor se detalla la crítica social desde una perspectiva conservadora.
“—No me hagas explicarte esas cosas. Poco a poco lo comprenderás. Cronn es miles de años más evolucionado que la Tierra. Ciertas instituciones desaparecen con el progreso. En especial aquellas que generan intimidad.”
A partir de ahora será el Sr. X, le manifiesta el Sr. L., pasando a ocupar el lugar de quien lo suplanta a él en su vida. Así pasará a formar parte de una organización que no entiende bien de qué va, ya que tiene que ser capacitado para cumplir las mismas funciones específicas propias del evadido Sr. X.
“Y con ello como si fuera desvistiendo una cebolla capa a capa arriba al conocimiento de que no solo no ha sido trasladado subrepticiamente a Polonia y que ni siquiera se encuentra en el planeta Tierra. sino en un planeta de paso por el sistema solar llamado Cronn”.
Cuando el ahora Sr. X se encuentra solo en Cronn y lejos del Sr. L., nos encontramos con la segunda etapa de la novela en donde el autor despliega todo su arsenal ideológico y que tal vez por ello es menos atractiva en estos días.
Nos encontraremos con que lisa y llanamente describe una utopía comunista que no tardará en revelarse como una distopía para Hernán Varela.
El planeta es una plétora de tecnología, orden y avance de las relaciones sociales humanas. Hay prodigios tecnológicos, máquinas para aprender idiomas, máquinas móviles autómatas, viajes a velocidades relativistas, edificios que se limpian solos, nuevos materiales con los que están construidos los ambientes, etc; pero todos sus valores en este mundo se van a ver trastocados bajo la comparación con la vida en la tierra, que cabe acotar es considera en Cronn como la obsolescencia misma.


Los Altísimos, de Hugo Correa, editorial Loqueleo (Santillana)
“O sea, la instrucción es tanto mental como visual. Al decir mental se involucran los conceptos sonidos y voces, que le serán inyectados, por así decirlo, directamente a los centros idiomáticos de su cerebro”.
En un recorrido por las ciudades circulares nos encontraremos con que la propiedad privada no existe, siendo reemplazada por la mera colectividad de todas las cosas.
La familia como tal también es añeja. Las personas no viven en pareja, de hecho no pueden hacerlo dado que como un Gran Hermano que todo lo ve, las ciudades de Cronn tienen acceso a todo lo que sucede, inclusive dentro de las habitaciones y las personas no pueden estar más de un día juntas.
Las relaciones sexuales solo son recreativas y no forman parte de algo mayor como podría ser el amor, concepto que ha sido abolido por anacrónico y carente de utilidad.
Las mujeres no pueden tener hijos, sus órganos han sido intervenidos. Por tanto unas grandes nodrizas, en mi caso me las imagino como monstruos simbiotizados con máquinas a la manera de Brazil, son las encargadas de engendrar y educar a los niños.
Por si fuera poco, nadie tiene que encargarse de la comida o la limpieza pues las máquinas lo hacen todo.
Pero más allá de esa forma de vida, tan superior para ellos, fuera de esos detalles, Cronn es un planeta donde sus habitantes sólo cumplen con su deber, un deber impuesto porque la raza cronnia está bajo la vigilancia constante de los Altísimos.
Pero todo esto Hernán Varela lo percibe como falso, dado que los habitantes de ese planeta, que solo viven cien años y luego son “desconectados”, han debido entregar su individualidad en pos del denominado beneficio colectivo. Un contrato social al que Varela definitivamente no adhiere.
“Los cronnios viven sin un cielo estrellado sobre sus cabezas. Pero de otro modo sería imposible sobrevivir a un viaje interestelar. Se congelaría la atmósfera; se estrellarían nubes de meteoritos contra las ciudades; la población se vería expuesta a las tempestades cósmicas.”
Así esta utopía se revela falsa en una tercera parte donde Hernán Varela, ahora el Sr. X, asiste a su nuevo trabajo y al ataque o castigo de los Altísimos, de los que poco o nada se sabrá, pues estos seres de los que se desconoce hasta su aspecto y que no se comunican más que como dioses que aplastan hormigas, dominan a sus anchas el universo cronn.
“En medio de la noche se distingue una figura humana que camina con rápidos pasos. —Un autómata gigante. Un Máximo. Vigila la Cáscara en colaboración con las astronaves. Tiene que ser inmenso. A pesar de la distancia es visible con nitidez. La falta de puntos de referencia impide valorizar su tamaño”.
Acá es en donde podremos apreciar con mayor detalle la parte de la obra en que Correa se luce aportando datos astronómicos muy precisos e imaginativos, vamos, ciencia ficción dura anglosajona.
“Sí: también existe una incomunicabilidad en el universo. Pero es real y no metafísica. Dios lo creó a infinitas escalas, dentro de las cuales imperan leyes que les son inherentes e inseparables”.
Finalmente se encuentra con su primigenio acompañante en ese mundo y allí es donde acaba de descubrir la verdad acerca de Cronn, sobre los Máximos, los Mínimos y los Altísimos.
Concluye la novela con un macabro genocidio programado por los Altísimos, que nunca se dejan ver, y con el monólogo interno de Hernán Varela acerca de sus posibilidades de huir de ese mundo.
Finalmente podemos decir que en el epílogo a X le serán revelados todos los misterios del universo en el que deberá vivir. Los Altísimos son una raza alienígena tan poderosa que su poder los hace inentendibles para la raza cronnia que se encuentra sojuzgada.
Esta cuestión filosófica, de la falta de entendimiento, es reiterada en la novela pues, para Hernán Varela, algunas cosas no las entiende de los habitantes de Cronn. Asimismo los Mínimos y los Máximos también tienen formas ambiguas y crípticas de comunicarse sumiendo a los cronnios, una raza humanoide, en la mayor de las soledades del universo.
Algunas conclusiones.
A poco que prestemos un poco de atención podemos pensar que hay una relación entre los nueve anillos interiores de Cronn y la travesía de Dante Alighieri por el Infierno, en la Divina Comedia. Recuerden que el infierno también está compuesto de esferas concéntricas, nueve en total. Algo que a Correa no deber haber escapado en su momento.
Pero también podríamos, desde una visón más sociolóogica, pensar en que Correa, con la descripción de las ciudades que hace, está hablando de las ciudades despersonalizadas propias de los regímenes totalitaristas, e inclusive de las “Smart Cities”, ciudades inteligentes, propuestas en la actualidad como modelo de desarrollo político, económico y tecnológico a nivel mundial. De ahí al Tecno-feudalismo hay solo dos pasitos.
Es pues innegable que existen relaciones muy estrechas entre la literatura y la sociedad. Los grupos sociales influyen al autor creando una relación entre las obras artísticas y esa conciencia colectiva que en Los Altísimos toma partido en forma manifiesta.
Por otro lado podemos hacer mención también a cómo el poder ejercido es más eficaz cuando se invisibilizan sus redes, cuando se desconoce a aquellos que lo ostentan. Como en el caso de Los Altísimos, seres extrasensoriales y legendarios que crearon y subyugan a los cronnios, que gozan del mayor de los poderes hegemónicos, el de ejercerlo desde la invisibilidad, desde que no son perceptibles.
El hombre, el objeto en definitiva de esta obra, es analizado desde el contexto social de la época en un lugar determinado. Producto de ello es esta obra distópica excelente que, más allá de los reparos que se le ha hecho, no deja de tener una pregunta velada y que es la de la posición del hombre en el cosmos.
Por último, si queremos despojarnos de toda esta meta-literatura que he mencionado me parece que es una obra interesantísima por lo novedosa de la trama y los giros filosóficos que contiene. En todo caso parece una obra del presente y a poco que miremos es de hace más de sesenta años. Por todo ello es una novela que merece ser leída y disfrutada pues fue visionaria para su época.
FELIPE BOCHATAY



